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"Se calló, compungida, nuevamente demasiado próxima a las lágrimas. De repente sentía una asquerosa pena de sí misma. Ella, que durante tantos años había conseguido protegerse en el desdén, en el simple y frío desprecio había su persona. Pero quien siente pena por si mismo es porque considera que ha merecido un destino mejor; por consiguiente, quien siente pena por si mismo es porque aspira a más. Esto es, tiene esperanzas. Durante años, Zarza se prohibió todo tipo de esperanza. Y ahora, de repente, ahí surgía esa pequeña expectativa en sus entrañas, ese sentimiento enano y deleznable, pugnando por crecer y hacerse cierto. Irritada por su nueva vulnerabilidad, volvió a experimentar unos deseos infrenables de marcharse. Lo mejor que podía hacer era salir corriendo. Ahora le voy a decir que tengo que irme, pensó Zarza. Le cuento lo de la cita con mi hermano y le digo que es a las seis de la mañana, en vez de las ocho. Y así me voy ahora mismo y acabo con todo este sufrimiento. - Lo de la cobardía, en realidad, lo estamos diciendo mal.- dijo con lentitud Urbano, como quien devana trabajosamente una línea profunda de pensamiento.- Lo verdaderamente importante no es si uno tiene miedo o no, sino lo que uno hace de su cobardía. Puedes entregarte a ella atado de pies y manos, como un preso. O puedes intentar enfrentarte a ella y encontrarte los límites. Los límites son siempre fundamentales. Una mesa no empieza a ser una mesa hasta que recorto la superficie del tablero. Antes de hacer eso, antes de limitarla, no era más que una pieza uniforme de madera capaz de convertirse en cualquier cosa: En una silla, en el mango de un hacha, en leña para el fuego, en el pie de la lámpara del dormitorio… (…) Si no eres capaz de ver a los demás, tampoco puedes verte a ti mismo. Porque los demás, los que te rodean, la vida y los compromisos que te tocan, son los límites que te hacen ser quien eres. Y si no reconoces esos limites, no eres nada, no eres nadie. Una tabla de madera que no tiene forma. Yo viví toda mi vida encerrado en mi mismo, en el corazón de esa madera sin cortar. Tú fuiste mi primer límite. Mi primer deber cumplido. Por eso no me arrepiento de nada. "



































